
Lucía Virgen nació de algo sencillo: descubrir un aceite que me encantó y querer compartirlo con mis amigos y con la gente que confía en mí.
Hola, soy Bernardo Fabre, terapeuta de medicina china y maestro de artes marciales. Siempre he sido una persona creativa; me encanta el cine, contar historias y dar vida a proyectos que conectan con lo que estoy viviendo. El aceite de oliva llegó de una manera inesperada y terminó abriendo un nuevo capítulo en mi camino.
La gastronomía siempre ha estado cerca de mí. Mi madre es chef; tuvo restaurantes y acompañó distintos proyectos, entre ellos mi restaurante y cocktail bar. Crecí entre sabores, conversaciones y el arte de cocinar. Para mí, la comida es energía, curiosidad y una forma de encontrarnos.
Al romero y al olivo los considero mis plantas de poder. Forman parte de mi día a día y de mi manera de entender el cuidado y la salud.
Un día conocí un expendio de aceites de oliva a granel en México. Probé aceites de distintos países y empecé a imaginar cómo podría compartir algo así. Tiempo después, durante una visita a mi madre, se lo conté de manera casual. Ella conocía a una persona que vendía aceite, y esa conversación me conectó con una familia dedicada, generación tras generación, al cultivo y la cosecha de olivos en Jaén, Andalucía.
Les compartí mi idea y pude empezar con este proyecto en México. Un aceite de oliva virgen extra que de verdad me encantó: con un sabor especial, lleno de vida.
Las primeras 100 botellas las vendí de boca en boca, entre pacientes y amigos. Así comenzó todo: compartiendo algo que disfrutaba con personas cercanas. Su respuesta me dio la confianza y el impulso para dar el siguiente paso y hacer crecer el proyecto.
De ese encuentro nació Lucía Virgen. El nombre es un guiño a Andalucía y a la pureza con la que imagino este proyecto. Lucía tiene su propia personalidad: una presencia cercana que llega a la mesa y se comparte.
Para mí, este proyecto también habla de salud. Está alineado con mi vida, con mi trabajo y con lo que disfruto compartir. Es parte de mi camino.
No busco inventar una historia ni vestir el aceite de un lujo que no necesita. Quiero contar de dónde viene, por qué me enamoró y dejar que cada quien lo descubra a través del sabor.
Un aceite que no se fabrica, se hereda.